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Las fantasías sexuales son un elemento imprescindible para la vida erótica. Ninguna es buena ni mala –moralmente hablando-, sólo son las tuyas. Te invitamos a compartirlas. Ayudanos a enriquecer la imaginación.
Lo que yo quiero compartir
contigo
Virginia es mi fantasía, muchas gracias por las respuestas. De
veras sirvieron
para aclarar mis dudas, de veras gracias:
" El lugar donde yo quisiera estar es en una playa, de noche, la playa
desierta para mi y para ella, que cada ola nos acaricie el cuerpo, que
ella se
eche en la arena mojada. Irle sacando su ropa poco a poco, empezando
por su
pollera. Besarle el cuello, recorrer por todo el hasta sentir como se
estremece,
que ella se excite, empiece a desesperarse por encontrar un lugar donde
besarme,
que busque el cierre de mi pantalón, que lo abra, que me abrace
que nos besemos
de una manera única como si fuera la ultima vez que nos vemos.
Cierro
los ojos, junto a esta música sensual, y te imagino...
Primero te sentás a mi lado, y comenzás a besarme,
besás mis labios con
ternura, como la primera vez...me acariciás con tus manos de
seda, enredando
tus dedos en mis cabellos.
Tus besos ahora se deslizan por mi cuello, y tus manos buscan mi pecho,
furiosas
por la cantidad de ropa que las separan de su objetivo....
Desabrochás mis botones con tu boca, uno a uno, mientras mi
corazón se
agita y empiezo a jadear...
Tu lengua se acerca a mi pecho, y me vas lamiendo casi
imperceptiblemente. Me
muero de ganas de que me muerdas salvajemente, pero simplemente me
lamés, como
una hembra lame a sus cachorros.
Tus dedos llegaron hasta mis muslos, y yo no puedo evitar que mi cuerpo
se
contornee clamando por más.
Te enfurecés, me levantás en tus brazos y torpemente
caemos los dos sobre la
cama. Te quito la ropa desesperadamente, rompiendo algunos botones,
arrugando el
pantalón...
Mi boca se ha encontrado con tu sexo, y lo saboreo entre mis labios, me
relamo,
jugueteo, me sonrío entre tus gritos de placer, lo mordisqueo,
lo deseo, quiero
vaciarlo sobre mí, pero en ese preciso momento me
apartás, aprisionando mis
brazos, y ahora es tu boca quien viene a disfrutar entre mis piernas.
Me das besitos suaves, me vas tocando casi con timidez. Desde
aquí no distingo
si son tus dedos o tu lengua quien irrumpe dentro de mí. Tu
bigote me hace
cosquillas, me raspa y me lastima, pero esto sólo aumenta mi
excitación.
Estoy gritando, aullando, y grito más, y río a las
carcajadas, y lloro también.
Tu lengua se ha apoderado de mi piel, y tu boca se adhiere como una
ventosa a mi
cuerpo.
Mientras tanto, tus dedos siguen jugando entre mis muslos, y finalmente
han
encontrado por dónde escabullirse.
Todo mi ser arde de deseo, de placer, transpiro y jadeo, y vuelo por
los aires,
y entonces súbitamente te desprendés de mí,
y empiezo a temer que
desaparezcas. No sé de dónde saco las fuerzas para
tirarte nuevamente sobre la
cama, acorralándote. Me subo a tu cuerpo y comienzo a besarte.
Puedo
estremecerme sintiendo cómo tu cuerpo entra en el mío.
Grito de placer, aúllo, me enceguezco, comienzo a cabalgar sobre
vos, mientras
mordizqueás mis pechos entre tus dientes. Se hace difícil
respirar, no se
distinguen tus jadeos y los míos. Nos hemos convertido
en una sola cosa, nos hemos fundido, estamos enloqueciendo, vibrando,
sudando,
gritando, gozando.
Y entonces, cuando siento que estoy llegando al borde del acantilado y
descenderé
planeando como un ave, te siento estallar dentro de mí...
María Paula
Cuando me pongo a fantasear me asusto de mi misma. No me animo a compartir lo que pienso con mi pareja. ¿Qué va a pensar de mi? Pero me encantaría que él me tratara sexualmente como el mejor amante. Que se detuviera lentamente en cada parte de mi cuerpo, con sus manos, con su boca, con su lengua. Que me dijera paso a paso todo lo que me va a hacer, y yo, quieta, dejarme llevar por sensaciones intensas. Que me penetrara durante mucho tiempo, que tuviera su orgasmo y siguiera y siguiera eternamente erecto. Todas las noches fantaseo con esa escena. Me erotiza, me apasiona, me estimula a buscarme a solas cuando él se duerme después de haber eyaculado sin siquiera preguntarme cómo me siento.
Querida Virginia:
Me encanta la página; me parece muy adulto su contenido y la forma en que se le responden las dudas a los consultantes, que por lo que veo, son de todas las edades. Creo que eso es muy bueno para la generalidad del público que la consulta: saber que a cualquier edad pueden tenerse las mismas dudas, y recibir respuestas igualmente válidas, serias y profesionales. Con respecto a la seccíón "Fantasías" (y no estoy hablando de las de Disney),y si mi experiencia personal puede resultar válida para alguien más, hay pocas cosas que hagan tanto por una pareja en cuanto a su estabilidad, confianza mutua, continuidad y sexualidad, como el verbalizar y realizar las fantasías mutuas. Muchas veces, el juego mismo de verbalizar basta para alcanzar picos de erotismo inesperado. Creo (y mi marido también lo cree así) que es "el juego" por excelencia. Más de una vez, el cuarto se llena de "invitados fantásticos" y damos rienda suelta a la imaginación, sin ningún tipo de vergüenzas. Nuevamente te felicito por el sitio. Un abrazo, Mony
Querida Virginia:
Nadie mejor que vos para saber que la fantasía suele ser un reino mucho más oscuro de lo que el común de la gente imagina o admite. Para muchos, fantasear es una "actividad solitaria" tan reprobable como la "actividad solitaria " por excelencia: la masturbación, y por lo mismo se avergüenzan.(Cuánto lo lamento por ellos) No es fácil madurar la propia sensualidad (no, no me equivoqué: no iba la "x" ) y admitir que se puede fantasear absolutamente con todo lo que se desee: no hay límites para la imaginación y eso vale para algo tan primordial como el sexo.
Sin fantasía, no habría enamoramiento porque ¿qué es enamorarse sino fantasear sobre las cualidades del otro? Sin ella, el amor se limitaría al hecho de adquirir el hábito de convivir más o menos amigablemente con alguien, por lo general del sexo opuesto, a veces con fines reproductivos, y con un interés más o menos comunitario. Un verdadero asco, a mitad de camino entre la Utopía y el marxismo.
Fantasear no es perverso: es necesario, maravilloso, generador de emociones nunca antes experimentadas y de experimentos emocionantes nunca antes probados. Puedo dar fe de ello. Y también puedo dar fe de que la fantasía compartida en pareja es una de las manifestaciones eróticas más movilizantes del ser humano: es liberarse frente al otro y permitirle al otro ser libre a nuestro lado.
Cuando comenzamos a confesarnos nuestras mutuas fantasías con mi marido, lo hicimos
tímidamente.(Éramos más jóvenes. Actualmente, acabamos de empezar la cuarentena. Eh, no la del sarampión: la cuarta década).
Cada uno sondeaba al otro con amoroso cuidado, tratando de complacer aún aquello que el otro o la otra no verbalizaba. Pero comprendimos que necesitábamos decirnos más: confesarnos. Al principio a oscuras; por fin, con la luz prendida, mirándonos a los ojos.
Una de las fantasías más violentas en mí fue siempre la de poseer (literalmente hablando) a mi hombre. Lograr sentir de alguna manera, las sensaciones del macho durante la posesión. Sé que suena crudo (y lo que sigue, también) pero no siempre hacemos el amor: también copulamos, nos acoplamos, mantenemos sesiones de sexo duro, en fin, sexo y amor van juntos o cada uno por su lado, depende del día, la situación, la necesidad o el grado de noblemente vulgar calentura pero sabiéndonos seguros y contenidos.
Las primeras aproximaciones fueron de exploración, hasta que comprendí que mi marido disfrutaba de esas sensaciones nuevas tanto como yo. Y así como yo le permitía - literalmente - jugar con mi cuerpo como si fuera un objeto de su propiedad - otra fantasía - él me lo permitió con el suyo. Nos poseímos el uno al otro, en una especie de juego en el que los papeles se habían intercambiado. El resultado nunca deja de sorprendernos a ambos. El placer, tampoco. Comprendimos que el juego no nos quitaba identidad ni frente a nosotros mismos, ni frente a terceros, aunque estos terceros obviamente desconozcan la intensidad o siquiera la existencia de tal juego. Aprendimos a conocer y usar partes de nuestros cuerpos para darnos placer, a nosotros mismos y al otro y a entender que dentro de una pareja que se ama, no hay fronteras que no se crucen ni sensaciones que no estén permitidas.
Por supuesto, mis propias sensaciones en este caso están hechas casi únicamente de fantasía pero el hecho de saber que satisfago las de él me hace alcanzar el orgasmo del mismo modo que si él me penetrara.
Por supuesto también, que previo a esta etapa (que hasta me atrevería a llamar crucial), hubo muchos pasos intermedios en nuestros juegos: el punto era pasar de imaginarlo uno ( o una), a relatarlo, luego a proponerlo mediante sugerencias - a veces sutiles, otras no tanto - y finalmente, desatarse hasta el punto de relajarse y entregarse por completo a lo que ocurriera en el momento.
Creo que una de las cosas más importantes acerca del fantasear sexual y sensualmente, es tener en quién confiar para llevar a la práctica algo de aquello que constituye nuestras ansias más ocultas . Creo que no hay nada comparable a realizar esas oscuras, inconfesables fantasías eróticas con quien amamos y nos ama: el sexo y la energía que el sexo libera en esas circunstancias, se convierten en algo con vida propia, aterrador por su propia tremenda y cruda belleza.
Nos sentimos uno solo, en un único éxtasis, poseídos no sólo físicamente el uno por el otro: la entrega es absoluta, íntima; es un secreto que nos une aún más; es el conocimiento del goce del otro y darle placer por el sublime placer de hacerlo.
Iba a escribir "espero que no estemos demasiado locos", pero la verdad es que si lo estamos, lo disfrutamos... locamente.
Un abrazo y gracias por dedicar tu tiempo a leer estas líneas.
Mónica
A causa de fantasías no compartidas por mi pareja y su imposibilidad de aceptarlas, las cosas andan muy mal. Aunque respeto su dificultad, nunca se puede crear el clima adecuado.
Muchas resistencias y....en fin.......una pena....
Saludos afectuosos.-
Ruben